jueves, 2 de febrero de 2012

Unidad 2. Estado y Globalización.

Introducción

       En los últimos tiempos el vocablo “globalización” ha ido ganando espacio en las tribunas a escala mundial, lo que se debe, en gran medida, a la preocupación manifiesta de los gobiernos, entidades nacionales y comunidad en general, por la creciente interdependencia económica de los países y las consecuencias adversas que pueden asociarse a este proceso, como se evidenció en la transmisión de los efectos de la crisis mexicana y asiática a otras regiones.

       Sin embargo, debe significarse que resulta una simplificación extrema asociar el proceso de globalización exclusivamente con la actividad económica, ya que el mismo ejerce influencia, en mayor o menor grado, en todas las esferas de la actividad humana y, por tanto, su caracterización reviste gran importancia, ya que permite establecer acciones conscientes que reduzcan los impactos negativos de su presencia.

       En este contexto, un aspecto relevante para la caracterización de este proceso y la posterior elaboración de estrategias de enfrentamiento, es establecer si es una ley del desarrollo social o un proceso instaurado conscientemente por el hombre.

       Tomando en cuenta los aspectos antes señalados, en el presente trabajo se propone un explicar El Estado y La Globalización, su importancia como sujeto de Derecho Internacional, como nación en el contexto de la Globalización Neoliberal, reducción de la funciones del Estado, la pérdida de la soberanía y el reinado de las trasnacionales y, el nuevo rol del Estado como generador de bienestar y transformaciones sociales.
Estado y Globalización
1.- Estado y Globalización
       El Estado es un concepto político que se refiere a una forma de organización social soberana y coercitiva, formada por un conjunto de instituciones involuntarias, que tiene el poder de regular la vida nacional en un territorio determinado.
       El concepto de Estado difiere según los autores, pero algunos de ellos definen el Estado como el conjunto de instituciones que poseen la autoridad y potestad para establecer las normas que regulan una sociedad, teniendo soberanía interna y externa sobre un territorio determinado. Max Weber, en 1919, define el Estado como una unidad de carácter institucional que en el interior de un territorio monopoliza para sí el uso de la fuerza legal. Por ello se hallan dentro del Estado instituciones tales como las fuerzas armadas, la administración pública, los tribunales y la policía, asumiendo pues el Estado las funciones de defensa, gobernación, justicia, seguridad y otras como las relaciones exteriores.
       La globalización es un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unificando sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. La globalización es a menudo identificada como un proceso dinámico producido principalmente por las sociedades que viven bajo el capitalismo democrático o la democracia liberal y que han abierto sus puertas a la revolución informática, plegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones internacionales.
       La praxis en general se orienta hacia la realización del sentido en la propia existencia. La praxis política, en cuanto praxis, también se encuentra exigida por esa realización, bajo las condiciones que determinan la situación política. Pero ¿qué ocurre aquí con el Estado? El Estado es, en definitiva, el producto de la acción humana: puede ser considerado como expresión de la praxis política. En cuanto tal, está determinado no sólo por los criterios específicamente políticos, sino que también por los criterios prácticos generales. Es decir, quienes desempeñen funciones políticas deben actuar buscando políticamente, a saber, atendiendo a la propia forma de existencia, conforme a los criterios propiamente políticos, desplegar a sus miembros.
       Sin embargo, cabe preguntarse todavía, qué pasa con los Estados que actúan contrariando los principios prácticos generales. ¿Son propiamente Estados? ¿Puede ser definido el Estado, como forma política de praxis, por un fin determinado, de tal modo que cuando una organización humana lo realice sea considerada como Estado y no cuando se aleje de él o lo frustre?
       Las indicaciones generales sobre el fin del Estado no parecen bastar para el estudio de lo que podríamos llamar la política en concreto o la política tal como de hecho tiene lugar. Hay autores que, basándose en lo que de hecho ocurre en la práctica, niegan que pueda identificarse necesariamente al Estado con un fin determinado. Los Estados han realizado y perseguido los más diversos fines. No habría, de este modo, un fin propio estatal, que permitiese definirlo y distinguir así qué es Estado y qué no. El Estado sería un medio apto para la realización de cualquier fin. Esta es la posición de Max Weber y Hans Kelsen. Para Weber, puesto que no hay “casi ninguna tarea que no haya asumido aquí o allá una asociación política, y que por otra parte tampoco hay tarea alguna de la que uno pueda decir que siempre y que en plenitud haya sido propia exclusivamente de aquellas asociaciones que se designan como políticas, hoy como Estados, o que haya sido históricamente antecesora del Estado moderno”, el Estado sólo puede ser definido por “un medio específico que es propio de él como de cualquier asociación política: la violencia física”. Kelsen coincide con Weber en la afirmación de la imposibilidad de definir al Estado por un fin determinado. “A la esencia del Estado no le corresponde algún fin específico”, el Estado es medio “para la realización de cualquier fin social”.
       Ambos autores llaman la atención sobre la distancia entre la pretensión de vincular a la unidad política o Estado con uno o más fines que le serían propios, que lo definirían, y lo que ocurre en la práctica. A partir de lo que la experiencia nos muestra, resulta perfectamente posible concebir la existencia de un Estado que no respete los principios fundamentales de la praxis, la justicia y el bien. Muchos Estados, de hecho, vulneran esos principios. Pero no por eso es posible afirmar que dejen de existir. Cuanto más se podrá decir que el Estado es injusto, pero parece exagerado negarle la existencia como Estado.
       El desarrollo tecnológico de los últimos lustros ha venido modificando sustancialmente muchos procesos de elaboración y distribución de bienes y servicios. En particular tiene lugar el despegue de una revolución tecnológica centrada en la microelectrónica e informática y cuyos efectos altamente pervasivos modificarán (modifican ya) formas de trabajo, educación, diversión, consumo y vida. En el campo de los procesos manufacturados las nuevas tecnologías permiten la desconcentración espacial de los procesos productivos y el tendido de cadenas o redes de interconexión entre filiales y/o firmas autónomas. Estas tecnologías permiten flexibilizar lotes de producción de acuerdo a los requerimientos variables de nichos y segmentos del mercado competidos mundialmente. Una expresión de esta integración internacional de los sistemas productivos se encuentra en el notable crecimiento que experimenta el comercio internacional de componentes y manufacturas semiprocesadas y el propio comercio intrafirma.

       En la medida que los costos de transportación de insumos, bienes intermedios y mercancías en general han disminuido en los últimos años, y que los costos de comunicación y transmisión de información han descendido aún más notablemente, en la actualidad las grandes empresas (y no sólo éstas) se encuentran en condiciones de ampliar sus rangos de opciones nacionales para relocalizar y fragmentar procesos, operaciones y funciones, en un marco de adaptación flexible a los mercados y de operación de redes cibernéticas de proveedores o filiales.

       Estos últimos operan como pequeñas y autónomas unidades de producción que abastecen puntualmente, de acuerdo a pedidos y requerimientos específicos de las matrices, los insumos o bienes demandados, organizándose en una especie de mercado electrónico interno. De hecho, la reestructuración productiva en curso implica la incorporación precisamente de la informática en el control y la operación de la maquinaria y del equipo, lo que posibilita la reorganización de los procesos de trabajo en unidades socioeconómicas relativamente autónomas, así como su gestión integral; de éste modo la revolución en las telecomunicaciones hace innecesaria en ciertos campos productivos la concentración espacial y ofrece la posibilidad de una ampliación del radio geográfico de suministro de los insumos necesarios para cada unidad socioeconómica.

       Al mismo tiempo, al abatir los costos de las comunicaciones, la revolución informática está en el corazón de las relaciones entre globalización y estado. El sector de las telecomunicaciones (una de las puntas de lanza en el desarrollo contemporáneo de las fuerzas productivas) ha hecho saltar las regulaciones institucionales anteriores y las áreas delimitadas de intervención y monopolio estatales a nivel mundial. A su vez, retroalimentando los acelerados descubrimientos y avances científicos, la globalización tiende a intensificar la difusión y la innovación tecnológica. Con toda razón se reconoce que la globalización y la revolución en las comunicaciones han comprimido espacio y tiempo, y se alude a "la muerte de la distancia”.

       En consecuencia se comienza a realizar la distinción entre las actividades económicas "tiempo real", es decir, donde la distancia y el lugar no son determinantes, y actividades donde por el contrario aún opera el condicionante de la distancia. En perspectiva cabría tener en cuenta que los cambios en las telecomunicaciones le están imprimiendo un nuevo perfil a la producción y a la llamada economía real -no sólo a la monetaria. La llamada cibereconomía se caracteriza por propiciar la producción sin peso, inmaterial o intangible a partir de la codificación y transmisión a distancia de la información y el conocimiento, en una dinámica que hasta el momento va borrando crecientemente las fronteras entre campos de la industria y los servicios, así como entre los propios estados-nación.
       Pero independientemente de sus potencialidades en la producción y el trabajo, el terreno específico de la informática es uno donde de manera especial se puede observar cómo la innovación y difusión tecnológica dejan muy atrás la capacidad reguladora de los poderes públicos (el otro campo sería el de la biotecnología donde los rápidos avances en las fecundaciones in vitro y la clonación rompen con legislaciones y códigos estatales de todo tipo). Aquí también podemos apreciar sensiblemente los efectos de la globalización sobre el estado, entendido ahora como esfera de condensación de las relaciones políticas de una formación económica y social específica. Los poderes públicos pierden el control de regular la generación y el acceso de/a cualquier tipo de información. Los efectos de la existencia de una libertad total para leer y ver (como sucede con Internet o la TV por cable o antena) sobre la conciencia de los individuos, sobre las prácticas ciudadanas y conductas generacionales, así como sobre la formación de "imaginarios colectivos" están aún por estudiarse. Pero sin duda la globalización de la información tiene ya efectos por demás visibles sobre la vida política de los estados-sistemas de dominación.

       De entrada la "internacionaliza" y con ello modifica las relaciones de fuerza política prevalecientes en una sociedad determinada. Ahí se encuentra el ejemplo en1994 del levantamiento indígena en Chiapas y su impacto en la opinión pública internacional como muestra de las potencialidades políticas de esta nueva realidad: "…el secreto de los medios electrónicos reside en su programático poder movilizador y, por ende, en su inmenso potencial político. La comunicación electrónica posibilita algo que hasta ahora era imposible: la toma de contacto activa, simultánea y recíproca entre actores individuales traspasando cualquier frontera de país, religión y continente".

       El ámbito tecno-financiero nos servirá también para ilustrar los nuevos términos en la relación economía mundial / estado-nación. Es sabido que el desarrollo reciente del mercado mundial de capitales ha sido impresionante, a un ritmo superior al ocurrido el campo del comercio de mercancías y servicios. No se diga en comparación con la economía "real", es decir con la producción de dichos bienes y servicios. Tenemos por ejemplo el siguiente cuadro que establece la relación entre las transacciones de bonos y títulos y la producción de 6 economías centrales, entre 1980 y mediados de la presente década.

1.1.- El Estado como Sujeto de Derecho Internacional Público.

       Derecho Internacional Público: Entendemos por derecho internacional publico el conjunto de principios jurídicos que limitan los derechos y regulan los deberes de los Estados.

       Capacidad Internacional: Se entiende por Capacidad Internacional la facultad que tienen los sujetos al derecho internacional de poder obligar y obligarse en sus relaciones internacionales. La capacidad es, por consiguiente, en materia internacional activa o pasiva. Es Activa cuando el sujeto que hace uso de la mencionada facultad obliga o responsabiliza a los demás sujetos de derecho internacional; y lo es Pasiva cuando el sujeto se obliga o se responsabiliza en el cumplimiento de los compromisos que libremente haya contraído.

       Sujetos de Derecho Internacional: La condición de sujeto de derecho internacional esta supeditada a la exigencia de que sean capaces en las relaciones internacionales y solo los Estados son capaces de este derecho. Sin embargo otros entes internacionales distintos a los Estados son considerados por muchos autores como sujetos de derecho internacional, entre los cuales encontramos al papado, a los organismos internacionales, las naciones y al hombre.

El Estado, Sujeto de Derecho Internacional: El Estado es el sujeto de derecho internacional público por antonomasia. Esto se debe a que, en las relaciones internacionales puede responder moralmente y con su patrimonio material de los compromisos que libremente haya contraído. Es decir, su condición de sujeto proviene de su condición de ente responsable. La responsabilidad es la nota esencial de la capacidad internacional. De allí que solo se consideran únicamente los Estado, como sujetos de derecho internacional. El Estado como ente de derecho, tiene ciertas y determinadas características que lo tipifican como tal. Entre estas podemos señalar a sus elementos esenciales: territorio, población y gobierno. El ente de derecho internacional que posee estas características es en realidad el Estado y, por lo tanto,  el sujeto lógico y natural de esta disciplina. Los Estado son los que en uso de su soberanía mantienen relaciones internacionales y son, por lo tanto, los que en la comunidad internacional son capaces de obligar y de obligarse. En la Carta de las Naciones, artículo 3, capitulo 2, se sostienen  que solo los Estados son miembros de esa organización e igualmente cuando se señala que solo los estados podrán ser parte en casos ante la Corte (Art. 34-1).

       Otros Sujetos Distintos de los Estados: Desde el punto de vista jurídico no es posible que existan, porque  la noción de responsabilidad es esencial para ello y solo los Estados lo son en el campo internacional. Sin embargo muchos autores consideran como sujetos de derecho internacional a las Naciones, al papado a los organismos internacionales y al hombre. En lo que respecta a la nación, se diferencia del concepto del Estado, en que entre sus elementos constitutivos no se encuentra el gobierno, que ha sido sustituido por un sentimiento histórico, religioso, étnico o de otro orden. Como ejemplo se puede decir que muchas naciones pueden convivir dentro de un mismo estado. El Estado italiano estaba dividido en una serie de nacionalidades hasta 1849, cuando el Rey Víctor Manuel Segundo, emprendió su política nacional de reunificación. El papado no puede considerarse un Estado por la ausencia de un fin material perseguido. Sin embargo, por su importancia los demás Estados tratan al papado (Vaticano) de igual a igual. Los organismos internacionales como la ONU y la OEA, entran también en esta categoría de entes de derecho, porque en sus relaciones dentro de la comunidad internacional, dichos organismos obran en forma limitada y las prerrogativas, inmunidades y demás beneficios diplomáticos les pertenecen por concesión que ese sentido han hecho los Estados que integran dichos organismos.
        El Hombre, Sujeto de Derecho Internacional. El hombre no puede ser sujeto porque no es capaz de obligarse desde el punto de vista del derecho internacional, por lo tanto, no puede ser responsable desde ese punto de vista. Es un ente de derecho tan importante como los anteriores, pues la paz internacional descansa en la protección y goce lícito de los derechos y libertades que tenga el hombre dentro del ámbito de sus comunidades nacionales. La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de la Revolución Francesa de 1789, a pesar de que aparentemente tuvo carácter nacional, bien pronto con la exportación de los principios liberales de la evolución, se vio consagrada en la comunidad internacional. La Revolución Francesa fue un movimiento internacional. La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano puede considerarse como el antecedente histórico más fundamental en los esfuerzos que han hecho los estados de la comunidad internacional para celebrar acuerdos internacionales sobre protección y garantías que deben ofrecerse a los derechos del hombre.

1.2.- El Estado Nación en el Contexto de la Globalización Neoliberal.

       La nación y el Estado nacional del siglo XXI enfrentan importantes desafíos en el plano de su realización y jerarquización interna y en cuanto a su rol en el sistema de las relaciones internacionales del complejo mundo de hoy. Sus relaciones con otros juicios y principios importantes como la identidad, el nacionalismo, la soberanía y la autodeterminación, generan toda una gama de problemáticas que la intelectualidad marxista crítica y proactiva debe asumir en tiempos en que la globalización mantiene una tendencia predominantemente neoliberal, sin poder eludir el carácter transicional del proceso histórico que vivimos y las alternativas que empiezan a pugnar un espacio.
       Como en otros problemas cruciales de nuestro tiempo, la obra de los clásicos del marxismo contiene lecciones y reflexiones particularmente útiles para entender tales asuntos. Precisamente, la ponencia ofrece una síntesis reflexiva de dichos aportes y la compleja situación que en ese plano enfrentan los estados nación en la actualidad, particularmente latinoamericana.

       El Estado Nacional es uno de los tipos de organización social de la sociedad moderna, resultado, como expresara Engels, de la evolución de la antigua organización gentilicia hasta llegar a agrupar a los súbditos según divisiones territoriales. Ocurre durante la época de la caída del absolutismo y con dos instituciones centralizadas y características: la burocracia y el ejército permanente, como retomara años después Lenin.1 Dicho sistema surge alrededor del 1500 d.n.e. y crece durante varios siglos hasta incluir a toda Europa, aunque coexistió durante bastante tiempo con otros sistemas.

       Luego de la Paz de Westfalia (1648) se impulsa dicha forma organizativa, que se rigió hasta hoy por Muchas de las reglas de los derechos que asisten a una nación y que fueron acordadas en aquel Momento. Tal sistema interestatal ha existido durante casi 500 años, con variaciones regionales y problemáticas diversas en cada época histórica. Desde 1945, es la Carta de Naciones Unidas la base legal que reconoce los principios fundamentales de dicho sistema. Pero a la vez que se fueron multiplicando los Estados Nación, fueron paulatinamente perdiendo algunos de sus atributos esenciales y el monopolio de las relaciones internacionales. Para 1999 existían aproximadamente 200 y el informe del Secretario General de la ONU a la Asamblea General en 1994 anunciaba que si se seguía con ese nivel de fragmentación, era probable que a comienzos del siglo XXI hubiera más de 400. Es que tales procesos no pueden desligarse del principio clave de las contradicciones de clase, como decía Marx, y del derecho de los pueblos a la autodeterminación, lo que ha significado la asunción de nuevos estados nacionales, en territorios que eran coloniales, o que eran parte de Estados multinacionales.

       De manera que la formación del Estado Nacional está definitivamente ligada a los problemas del desarrollo de las nacionalidades y de las naciones. Ella constituye un momento, un alto en un proceso cuyos componentes interactúan dialécticamente en el transcurso del devenir histórico. Esto no niega la otra cara de la cuestión nacional, como ha dicho también para el caso latinoamericano Omar Díaz de Arce, que está dada por las relaciones de dominación y de clase en su vertiente interna y externa, que gravitan a la sociedad y que comprende la lucha por la independencia y el establecimiento del Estado Nacional.

       Una comprensión profunda del Estado nacional y su papel en la actualidad, también se cruza inevitablemente con la percepción que se tenga de la nación. Tres han sido las vertientes desde las cuales se ha abordado ese tema y sumamente recurrente ha sido el esfuerzo por encasillar la historia nacional latinoamericana en los modelos clásicos europeos: Una enfatiza en los factores subjetivos; otra toma de Marx, Engels y Lenin sólo una parte de sus aportes respecto al problema y focaliza más los factores económicos y una tercera, con una base marxista de acuerdo con las percepciones originales de los clásicos y tomando en cuenta nuevas experiencias, asume una postura más integradora respecto a ambos tipos de factores.

       En realidad, Marx y Engels desarrollan en diferentes obras los fundamentos de la teoría dialéctico materialista de la nación y de las relaciones nacionales. Partiendo de las condiciones del capitalismo en vías de desarrollo, centran principalmente su atención en: la relación (ley) entre el nacimiento de la nación y el afianzamiento del capitalismo, el papel determinante de los factores económicos, especialmente la comunidad de vida económica, así como de las relaciones nacionales, la fuerte influencia de los factores de clase, el papel de la lengua y el territorio comunes, así como la influencia que en dichos procesos tienen la cultura, la conciencia y carácter nacionales. Lenin, en particular, considera que los factores que condicionan y luego son los rasgos de la nación son fundamentalmente la comunidad de vínculos económicos, de territorio e idioma, mientras la existencia del Estado nacional y las peculiaridades de la cultura y la psicología no son esenciales aunque tienen gran incidencia en su formación y desarrollo.

       De entonces acá el tema nacional ha sido siempre recurrente, por su permanente gravitación sobre la dinámica mundial. Desde los años 80 pasados, el mundo ha empezado a vivir cambios de dimensiones inéditas. La llamada “Globalización” es un fenómeno cualitativamente nuevo, complejo, multifactorial, que se ha hecho posible a partir de la coincidencia e interdependencia en el tiempo, de la crisis y derrumbe del Socialismo histórico y con ello la sustitución de la bipolaridad en las relaciones y el sistema internacional; el desarrollo vertiginoso de la ciencia y la tecnología y la generalización del Neoliberalismo. Así, el sistema mundial se ha sacudido en términos económicos, financieros, políticos, culturales, ideológicos y de todo tipo. Como consecuencia, asistimos a un proceso de transición en el que trata de definirse una nueva estructura de poder mundial.

       Se ha producido, con la tendencia predominantemente neoliberal de dicho proceso, una radical acentuación de los rasgos tradicionales del imperialismo y se ha potenciado, en este nuevo contexto, su naturaleza genocida y predatoria. Hoy sus tonos claves descansan en la cuestión militar, la concentración económica y la creciente expoliación de los mercados financieros. Para algunos, tomando en cuenta los planos militar, económico e informático, se trata de un imperialismo colectivo (EEUU–Unión Europea–Japón) y para otros, de la unipolaridad de EEUU dado que la tríada sólo funciona en algunos aspectos.

       Las consecuencias están a la vista de todos: militarización del sistema internacional, creciente tendencia a recurrir a la violencia para supuestamente asegurar la paz internacional y la protección a las minorías, crisis del sistema de Naciones Unidas y satanización de las protestas sociales. Todo ello con variaciones de nivel en y dentro del centro y la periferia.

       Y en términos de globalización Marx vuelve a ser recurrente. Tal como recientemente decía el historiador Eric Hobsbawm, el mundo desde los 90, el mundo de esta llamada globalización, ha resultado en muchas cosas parecido al que había pronosticado Marx cuando escribió el Manifiesto Comunista. Entonces decía Marx que “… En lugar del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban a sí mismas, se establece el intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la producción intelectual… La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles…”.

       Claro, al aplicar este pensamiento a la actualidad no puede desconocerse igualmente la importancia que Marx le atribuye, en el mismo documento y en toda su obra, a las contradicciones de clases, que revisten formas diversas en las diferentes épocas. Es el complemento esencial para entender la preponderancia clasista burguesa y neoliberal del rumbo que se le ha impuesto a esta globalización.

       Tales procesos y recambios han conllevado a la existencia de una nueva geografía de los conflictos internacionales. De ahí que hoy tenga que hablarse de retos planetarios y mega tendencias, entre las cuales podrían definirse: crisis de la utopía marxista y auge del neoliberalismo; tecnología de la información que convierte el conocimiento en mercancía; carácter masivo de las migraciones; degradación medioambiental; explosión demográfica; existencia de epidemias y pandemias; consumo y tráfico de drogas, más crimen organizado; incremento de la pobreza; nuevas amenazas a la paz, la seguridad y los derechos humanos; crisis del sistema de Naciones Unidas; fuerza de la multiculturalidad; nuevo papel de la mujer y debilitamiento de los Estados y de las naciones del Sur.

       Los referidos fenómenos atañen tanto a los países del mundo desarrollado como del Sur. Pero tienen una impronta diferenciada a escala de regiones, en virtud del desarrollo desigual, los procesos globalizadores anteriores y las peculiaridades regionales. De hecho la tendencia a la globalización de la vida económica y política, y con ello de las relaciones internacionales que hasta hace poco eran esencialmente interestatales, ha generado un recurrente cuestionamiento respecto a la virtual pérdida de poder y finalmente extinción del Estado – Nación, uno de los componentes más importantes del sistema mundial.

       De ahí que se planteen hipótesis sobre su reforma y eventual superación. Una de ellas es la del Estado (macro) Región, de Zaki Laidi, quien plantea que probablemente estamos en una etapa similar al tránsito entre el Estado feudal y el Estado Nación, cuya evolución sería hacia ese Estado – Región. Este se parecería a lo que hoy es, por ejemplo, la Unión Europea. Para él, el Mercado Común Suramericano (MERCOSUR), la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o el Mercado Común Centroamericano (MCCA) no reúnen estos requisitos, en tanto son simplemente áreas de negocios desarancelizadas o con bajos aranceles.

       Otra variante es la del Mega – Estado, de Peter Druker. Este autor, aunque habla de un Mega Estado, en el fondo es el mismo del concepto. No obstante, su fórmula se acerca más al imperio colonial que a los procesos de integración. El fondo imperial se manifiesta al señalar que la UE sería el eje de todas sus ex colonias, EEUU del hemisferio occidental, Japón y los llamados “mini japoneses” sobre la región asiática con excepción tal vez de China e India. A dicha unidad se llegaría, no a través de la fuerza militar y la dominación, sino a través de la transnacionalización y el control económico y tecnológico.

       Otra de las propuestas es la del Estado (micro) Región, de Kenichi Ohmae. Este se refiere a las regiones al interior de los actuales Estados. Enfatiza en el papel que jugarían aquellas regiones internacionales cuya capacidad productiva constituye la locomotora de la economía nacional, que son las que verdaderamente generan el desarrollo y el crecimiento pues el resto es arrastrado por ellas.
       Esas regiones se interconectarían entre sí, independientemente del Estado o de las políticas de su gobierno central. De tal suerte, si en otras de las hipótesis, el despojo de los atributos del Estado – Nación es por arriba, como en el Estado (marco) Región, o en forma piramidal, como en el Mega – Estado, aquí el mencionado despojo es por “abajo” y por los “costados”. Además, se han manejado otras propuestas sobre el tema, especialmente la del Estado – Red, de Manuel Castells, la del Estado Neo – Medieval, de Hedley Bull y la del Estado Postmoderno, de Robert Cooper.  En todas las formulaciones se alude a esto como un proceso natural.

      Sin embargo, igualmente las lecciones de los clásicos del Marxismo en tal sentido ayudan a comprender el fenómeno. Tanto Marx, como Engels y Lenin se refirieron en su momento al tema de la futura superación del Estado nacional, pero con un enfoque cualitativamente diferente. En el Anti-Dühring, ya Engels había dicho que “El Estado no será abolido, irá extinguiéndose”, pero eso, en contraposición en su momento a los anarquistas, aplicándolo no al Estado burgués que según él mismo si es destruido por el proletariado en la revolución, mientras el que se extingue a medida que van desapareciendo las clases, es el Estado proletario.

       Lenin, igualmente se había referido en varios de sus trabajos al tema del problema nacional como problema mundial, así como al asunto de la futura extinción del Estado nacional, pero sobre todo haciendo énfasis en el papel de la autodeterminación, la soberanía y las condiciones del capitalismo.

       De acuerdo con sus análisis, el capitalismo conoce dos tendencias históricas en su desarrollo: el despertar de la vida nacional y la creación de Estados nacionales y la segunda, el desarrollo y la multiplicación de las relaciones de todo tipo entre las naciones, el derrumbamiento de las barreras nacionales, la formación de la unidad internacional del capital, de la vida económica en general, de la política, de la ciencia, etc. Considera a ambas como ley universal del capitalismo, sólo que la primera predomina en los albores del desarrollo del capitalismo y la segunda es característica del capitalismo maduro.

       Al mismo tiempo insistía en la conexión entre dicho problema y la autodeterminación, cuando expresaba: “Reclamamos la libertad de autodeterminación, es decir, la independencia, o sea, la libertad de separación para las naciones oprimidas, no porque soñemos con el fraccionamiento económico o con el ideal de los pequeños Estados, sino, por el contrario, porque queremos grandes Estados, porque aspiramos al acercamiento e incluso a la fusión de las naciones, pero sobre una base verdaderamente democrática y verdaderamente internacionalista, que es inconcebible sin la libertad de separación”. Insistía en que el proletariado celebra cualquier asimilación de naciones, excepto la que se lleve a cabo por la fuerza o se base en privilegios. Estaba claro Lenin sobre la imposibilidad de la igualdad de las naciones bajo el imperialismo, tal como ocurre en nuestros días. Desde entonces alertaba igualmente, en que no se puede acelerar artificialmente la fusión de las naciones, así como en la gradualidad de dicha fusión.

       Es evidente que la propia evolución del sistema capitalista ha dado lugar a cambios estructurales, los que han traído una profunda concentración del poder económico a escala global, que a la vez, ha acentuado las diferencias entre los Estados y los desniveles económicos y sociales a escala interna. De tal suerte, también la agenda internacional adquiere mayores dimensiones por la incorporación de cuestiones que hasta ahora quedaban en el plano de acción estatal.

       Esos cambios estructurales se pueden definir en tres vertientes de análisis:20 Una es el gran número de asimetrías en la autoridad de los Estados; otra, los cambios en la autoridad del Estado, hacia arriba, hacia los lados y en algunos también hacia abajo y la tercera, como resultado de la integración de la economía mundial, tanto en las finanzas, como en transporte, comunicaciones y producción, aparecen responsabilidades que ningún Estado (tal como existen estructuralmente hoy) podría asumir completamente. Ciertamente, un conjunto de factores internos y externos socavan hoy el rol histórico del Estado Nación. Por tanto, al ser el sistema complejo por la cantidad y el alto índice de heterogeneidad de los actores, también se vuelve más compleja la estructura mundial. Así el Estado Nación está siendo penetrado y condicionado por esos actores transnacionales, muchos de los cuales existían antes bajo el amparo y la autoridad mayor o menor del propio Estado.

      Ello evidencia además, que muchas funciones que antes le competían, muchos de sus atributos se han desplazado a manos transnacionales. Por otra parte, es preciso considerar que la complejidad del sistema y de las relaciones internacionales se manifiesta igualmente en el hecho de que los Estados Nación y los Actores Transnacionales operan de distintas formas en el sistema mundial. Hoy las relaciones interestatales se dan principalmente en el campo diplomático y militar, siguiendo criterios de interrelacionamientos que privilegian la soberanía, mientras las relaciones transnacionales centran la atención de los distintos actores en otros segmentos de la realidad que tienen que ver con el campo económico, social, ecológico, cultural y forman una trama de relaciones que existe por sí misma como una realidad transfronteriza y fuera de todo esquema territorial soberano.

      Frente a esos diagnósticos y propuestas de modificaciones, vale aclarar que el Estado está en crisis, no por su obsolencia como institución, sino porque tiene nuevos desafíos. Sigue siendo importante y necesario. Tal como decía Marx en la teoría sobre el Estado, queda muy claro que la dictadura de una clase es necesaria, no solo para toda sociedad de clases en general, no solo para el proletariado después de derrocar a la burguesía, sino para todo el período histórico que separa al capitalismo de la “sociedad sin clases”, del comunismo.

       Por ello es importante que, desde una postura política de izquierda y pensando en la máxima que reza que el valor de una obra realizada por un latinoamericano, vale tanto cuanto más contribuya a la emancipación latinoamericana, es preciso pensar en las dimensiones que erosionan al Estado y la manera cómo podrían encarar el futuro.

       El papel de los Estados Nacionales debe ser altamente importante en los procesos de cambios internos y globales que tienen lugar en nuestro tiempo, para lo cual requieren de profundas reformas. Cada Estado nación, amén de no someterse y asumir los desafíos reformándose hasta donde la capacidad y exigencia de la comunidad nacional llegue, debe poner en claro cuestiones como: el rol que dentro del sistema internacional ocupa, la participación que tiene en los foros y mecanismos internacionales, fortalecer la política exterior y lograr una actuación más proactiva en el plano externo. Igualmente, el papel de la “cultura global” y de las diferenciaciones culturales, el grado de soberanía que detenta y el significado de la integración regional. Esto último porque si bien es cierto que los procesos de integración hacen perder autonomía al Estado Nación, la compensan con el fortalecimiento institucional, así como de atenuación y pérdida de marginalidad a nivel internacional. La integración ofrece la oportunidad a los Estados nacionales menos desarrollados sobre todo, para defender la supervivencia de las instituciones nacionales, que de hecho pueden y han entrado en crisis al no poder ofrecer opciones de desarrollo a toda la comunidad nacional. Dentro de una lógica integracionista de mayores alcances, el mundo subdesarrollado y América Latina en particular, ganarían más capacidad de maniobra y fortaleza dentro de la complejidad del mundo de hoy.

       Tal como se ha constatado, el Estado en América Latina ha perdido capacidad reguladora y centralidad, pero lo que está verdaderamente en crisis es la forma de Estado que ha funcionado hasta ahora. De ahí la vitalidad de la propuesta que descansa en la necesidad de un “nuevo contrato social” más inclusivo y que favorezca una sociabilidad democrática en las esferas del trabajo, las reformas de la sociedad civil, la defensa del patrimonio nacional y regional. Dentro de esa perspectiva se fundamenta la visión de Boa ventura de Sousa Santos respecto al Estado como un “novísimo movimiento social”, alternativa a la variante del Estado empresario del neoliberalismo y del llamado “fascismo societal”.

1.2.1.- Reducción de las Funciones del Estado.

       Desde el mismo momento en que Chávez gana la presidencia de Venezuela mediante elecciones celebradas en diciembre de 1998, ratifica al país lo que había sido el tema central de su campaña electoral: la reforma constitucional a través de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que redactaría una nueva Constitución nacional. Aprobada al año siguiente por referendo popular, en esta nueva Carta Magna están los lineamientos políticos, jurídicos, sociales e institucionales principales para iniciar la estructuración y construcción de un nuevo proyecto nacional. Se define al sistema político como democrático-participativo y protagónico; los derechos sociales se amplían a nuevas áreas de la vida social y se incorporan nuevos sujetos; la función social del Estado se redefine y se establece que será éste el que ejercerá el rol principal en cuanto a la garantía de los derechos sociales; y se introduce el principio de la corresponsabilidad de las familias y de la sociedad con igual obligación de cumplir deberes para asegurar cabalmente el ejercicio de estos derechos.

       La nueva Constitución Política incluye dentro de la estructura y organización funcional del Estado, el mecanismo de participación y control social; mecanismo que tiene ahora la posibilidad de ser construido con un contenido renovado, abriéndose la oportunidad a la sociedad civil para erigirlo de manera tal, que consiga superar el modelo de participación cooptada impuesta en el marco del Estado neoliberal En la Constitución, Estado y pueblo organizado son los dos actores principales. El Estado se concibe como una estructura abierta a la participación de los ciudadanos, apelando a una legitimidad que descansa en la soberanía popular. De la unión Estado-Pueblo se desprende el principio de corresponsabilidad, entendido como Estado y ciudadanos tomando decisiones de manera conjunta. Se pretende que el protagonismo del pueblo organizado en todas sus formas de representación comunitaria logre trascender hacia el poder y las instituciones que lo representan. Ello se cree posible en la medida que haya una profunda reestructuración del Estado que viabilice la participación, regulación y control de gestión por parte de las comunidades; así como que el Estado asuma responsabilidades con la satisfacción de las necesidades vitales de la población e intervenga en la sociedad bajo los mandatos de la justicia y la solidaridad.

       El rol estratégico del Estado es adoptar políticas que maximicen los beneficios y minimicen los costos de la integración mediante acuerdos estratégicos regionales. Así, la función principal del nuevo Estado regulador es mantener la estabilidad de los mercados financieros para proteger los movimientos especulativos de los capitales de la volatilidad de los mercados emergentes, mediante la movilización de recursos financieros de otras fuentes, pero principalmente los provenientes de mayores cargas impositivas a contribuyentes con ingresos bajos.

       Es bajo este contexto de la corresponsabilidad, la participación y control social, de la sociedad, que el estado reduce sus funciones en lo que respecta al manejo de de ciertas obligaciones tales como: la planificación y ejecución de obras en beneficio de unas comunidades determinadas,  al igual que la ejecución de políticas en beneficio del colectivo. Pero al mismo tiempo se mantiene vigilante de que todo funcione correctamente en pro de la armonía y el bienestar social.



1.2.2.- La Pérdida de la Soberanía y el Reinado de las Trasnacionales.

      Destrucción del Estado Nacional

       La extinción práctica de la idea de nación, supuestamente subsumida bajo la corriente “civilizatoria” de la globalización, así como la imposición de políticas “orientadas hacia el mercado”, dieron lugar al debilitamiento de los estados nacionales. De esta manera, la expansión de la esfera de actividades económicas más allá de las fronteras nacionales, comienza por degradar el concepto de nación para reducirlo al de mercado.
      Así, los estados nacionales, especialmente los ubicados en la periferia capitalista, han sido consciente y pertinazmente debilitados cuando no salvajemente desangrados por las políticas neoliberales con el fin de favorecer el predominio, sin contrapesos, de los intereses de las grandes corporaciones transnacionales.
       Aquel Estado que actuaba para corregir las disfunciones del mercado y alcanzar la estabilidad económica, particularmente en la época de crisis, parece no existir más. La separación de la política de lo económico ha dejado sin responsabilidades al Estado en aspectos tales como la producción y distribución de bienes y servicios. Incluso, la producción y suministro de aquellos servicios, antes considerados públicos, como la salud, empleo, vivienda, agua potable, la energía eléctrica y muchos más, son ahora privatizados y puestos al servicio de la ganancia del capital privado.
       La reducción de la pobreza y la superación de la marginación, la protección de las personas frente a las incertidumbres económico sociales y la garantía de derechos básicos de los ciudadanos, que en algún momento fueron los pilares fundamentales del Estado de Bienestar, han sido desplazados por un Estado mínimo, de oportunidades individuales y donde los servicios antes públicos son producidos y vendidos como mercancías, es decir, son apropiados sólo por quienes tienen capacidad para adquirirlos en el mercado, lo que necesariamente provoca crecientes desigualdades en su satisfacción social.
       Actualmente, en la mayor parte de los países han desaparecido, o tienden a desaparecer, las que se consideraban responsabilidades estatales para cumplir con el derecho de la sociedad a la educación, la salud, vivienda digna, alimentación, el empleo dignamente remunerado, el respeto a las diferencias, o la seguridad de un ingreso, aún sin empleo, capaz de garantizar la satisfacción de las necesidades elementales del trabajador y su familia; al mismo tiempo se ha relajado la responsabilidad del Estado en la protección social universal contra los riesgos de la vida, sin discriminaciones o exclusiones, así como en el diseño y puesta en marcha de políticas de distribución del ingreso, o encaminadas a construir un sistema económico democrático que evite la dictadura del mercado y fortalezca la actividad pública de producción y distribución de  bienes y servicios públicos básicos.
       Todo esto ha vulnerado la validez y vigencia del Estado Nacional, al que se le cantan ya los responsos como entidad soberana y se saluda su creciente participación como gestor de los intereses del capital privado y, particularmente, de las corporaciones trasnacionales mediante la creación de ventajas competitivas.

      Estado Nacional y mega corporaciones

        En estos momentos se generaliza la idea de que los gobiernos nacionales tienen alguna oportunidad de sobrevivir, sólo si son capaces de producir las condiciones generales de la producción indispensables a la expansión del capital y generar las ventajas competitivas necesarias para atraer a la inversión privada. En esta perspectiva, afirma Michael Porter (1990: 18): “El papel correcto del gobierno es el de catalizador y estimulador. Es el de alentar –o incluso empujar a las empresas a que eleven sus aspiraciones y pasen a niveles más altos de actuación competitiva”.
       En la globalización neoliberal, donde el Estado es sometido a los intereses del capital, las empresas transnacionales acentúan su posición como la fuerza motriz de la economía mundial, son las principales inversionistas de capital productivo en todo el mundo, así como de las inversiones financieras y comerciales.
       Las megas corporaciones de origen estadounidense tienen una gran relevancia pues de las 500 mayores empresas en el mundo: “El valor de las compañías estadounidense excede el valor combinado de todas las demás regiones. La valuación de las trasnacionales estadounidense es de 7 billones 445 mil millones de dólares, contra 5 billones 141 mil millones de dólares” de las restantes de todas las demás nacionalidades. Las trasnacionales estadounidenses dominan la lista de las 500 principales empresas del mundo. Casi la mitad de las mayores trasnacionales (48 por ciento) son de propiedad y dirección estadounidense, casi el doble del competidor regional más próximo, Europa, con 28 por ciento. La concentración del poderío económico es aún mayor si nos fijamos en las principales 50 trasnacionales, de las cuales 60 por ciento son de propiedad estadounidense, y es todavía más evidente al examinar las 20 mejor situadas, de las cuales más de 70 por ciento son de ese país. De las primeras 10, Estados Unidos controla 80 por ciento.
       Ante este enorme poder, el sentido común neoliberal recomienda a los gobiernos de las naciones dependientes, específicamente de América Latina, no pretender regular el comportamiento de las mega corporaciones, por el contrario se sugiere permitirles la propiedad absoluta de los recursos naturales a cambio de la creación de empleos, no siempre bien remunerados y sin prestación social alguna pero, se dice, empleos al fin. De esta manera, se vulnera y limita la voluntad de los gobiernos nacionales para control las actividades de las megas corporaciones y se entrega la plaza sin condición alguna.
       La insistencia del sentido común, abruma a nuestras naciones y se usa la razón y la evidencia, diciendo y reafirmando en todo momento que para los gobiernos nacionales resulta muy limitada la posibilidad de ejercer un control efectivo –pero además innecesario sobre las megas corporaciones. En este caso, los intelectuales y políticos “realistas”, pragmáticos y neoliberales, no ponen en duda lo anterior y se preguntan terminantes: ¿Cuáles podrían ser los instrumentos con que puede contar un gobierno democrático, por ejemplo en Guatemala, para negociar con una corporación como la General Motor, cuya cifra de ventas anuales es veintiséis veces superior a la del producto interno guatemalteco? ¿Cómo podrían someter a las grandes empresas los países del África Subsahariana, si su producto interno sumado es apenas similar a las ventas anuales de la General Motor y la Exxon?
       Para el sentido común neoliberal, la respuesta y conclusión es sencilla por obvia: no existe otra opción más que rendirse e integrarse de manera individual y subordinada a los países hegemónicos, como éstos quieran y su bondad acepte. Y si es preciso ceder la soberanía o parte de ella, no importa si se cumple el fin último de la integración económica subordinada al gran capital.
       En este sentido, la búsqueda de opciones distintas como la integración de naciones en el libre ejercicio de su soberanía e independencia y, sobre todo, al margen de las grandes economías y mega corporaciones, resulta trabajo inútil. En todo caso, para el neoliberalismo el capitalismo no tiene vías alternas y, mucho menos, propuestas transformadoras y además ¿para qué, si la historia llegó a su fin?
       Incluso, para muchos intelectuales modernos y modernizante, la desproporción existente entre las economías de los países dependientes respecto de los metropolitanos no es amenaza, sino reto, que se resuelve en la medida que los países periféricos acepten su condición dependiente y aprovechen la oportunidad de integrarse a la globalización mediante la entrega de su economía y sus riquezas naturales al capital transnacional.
       Sobre todo ahora, después de Afganistán e Irak, es decir, conociendo las decisiones unilaterales para emprender “guerras preventivas”, la existencia de las naciones emergentes incluido su régimen político, sólo es tolerada por el poder imperial si se ajusta a los cánones establecidos por los centros financieros metropolitanos y si sus gobiernos son capaces de servir dócilmente a los intereses del gran capital.
       De otra forma, si esos países no se someten pacíficamente, o sus gobiernos no aceptan rendirse incondicionalmente y lo mismo da si aceptan, según se pudo constatar con la agresión a Irak, pueden pasar a engrosar la lista del “Eje del mal” cuyos requisitos de ingreso nadie conoce, aunque la prioridad la tienen los países que disponen de petróleo en su territorio y colocarse en situación de ser invadidos militarmente para establecer en ellos la “democracia” liberal sostenida por ejércitos de ocupación.
       Aún más, la realidad es que, hoy, nuestros países son mucho más dependientes que antes, debido en mucho a los agobios provocados tanto por una deuda externa que no cesa de crecer como por una “comunidad financiera internacional”, que pretende convertir la soberanía en parte de los desechos provenientes del atraso político social y del desvarío nacionalista.
       Pero mientras en los países dependientes el Estado se achica y debilita al ritmo impuesto por los ajustes neoliberales de los finales del siglo XX, el rango y el volumen de operaciones de las grandes compañías transnacionales y su valor se acrecienta de manera extraordinaria y sin límite alguno a costa de una creciente pobreza social y regional en los países dependientes.
       Todavía más, ahora se proclama que al primer mundo sólo puede llegarse en la medida que se acepte llevar adelante, diseñadas por los organismos financieros internacionales como el FMI y el BM, políticas económicas cuyos resultados finalmente han provocado una mayor polarización y dependencia hacia la economía norteamericana.
        En efecto, a los países dependientes se les sugiere (tal y como se dice en el críptico lenguaje del BM y el FMI), reforzar la estrategia de cambio estructural de orientación al mercado que ha mostrado ser causante de, por lo menos, tres graves cuestiones para nuestros pueblos: 1) Inestabilidad económica, acompañada de bajas tasas de crecimiento; 2) Aumento social y regional de la pobreza; y 3) Mayor dependencia y creciente pérdida de soberanía nacional.
       A lo anterior, debe agregarse que la dependencia intelectual (incluida la científica y tecnológica), también se acentúa y a pesar de reconocerse que nuestros países son ahora más dependientes de lo que lo eran en los años sesenta, por una de esas paradojas del sentido común neoliberal las teorizaciones sobre el significado de la dependencia, o acerca del imperialismo, son hoy desestimadas por buena parte de los intelectuales orgánicos del capital, pero también incluso por académicos que las consideran anacronismos teóricos, precisamente en estos momentos cuando ambas categorías adquieren una vigencia e importancia que, a pesar de todo, no han perdido desde el tiempo de su creación.
       Por eso, ahora es preciso reivindicar el estudio de la globalización neoliberal como la expresión actual del Imperialismo en lo económico, lo político y cultural.

1.3.- El Nuevo Rol del Estado como Generador de Bienestar y         Transformaciones Sociales.

       El comienzo del siglo XXI representa para América Latina una oportunidad histórica para consolidar la identidad latinoamericana, fortaleciendo la unidad entre los países de la región. Se tiene ante el mundo  la oportunidad de definir el rumbo y el destino desde las miradas.

       Se ha aprendido que los destinos de las naciones les corresponden sólo a ellas y que ningún consenso es válido si no responde a las necesidades de los pueblos.  La fuerza enorme con que el proyecto neoliberal se instaló en América latina, y  que encontró en el país  un alumno  predilecto,  ha logrado convertirse, en poco tiempo,  en  el continente más desigual del mundo.

       La experiencia y los hechos  revelaron  el  fracaso  de  las  recetas  neoliberales.  Sin derrame, sin  distribución  del  ingreso, sin generación de empleo, sin cohesión social; con  exclusión,  marginación,  fragmentación,  desempleo,  pobreza,  indigencia   y desigualdad.  El balance  es  sencillo  y  la  dura  realidad  exige  acciones  concretas, creativas y transformadoras.

       Reconociendo  la  complejidad  del  diagnóstico  y las dificultades prevalecientes, se comenzó  a  transformar la realidad  desde la reconstrucción de un Estado presente y activo que no debe limitarse a poner “parches” a las  deficiencias del mercado.  Es un Estado que reconoce  la inexistencia de  invisibles y actúa sobre  los intereses reales.

       Se ha aprendido que las situaciones naturalizadas no son tales, que no hay realidades irreversibles, que la voluntad y el compromiso de los pueblos por asumir su destino y consagrar su bienestar arrebatados, es una fuerza que vence cualquier poderosa receta. La creatividad, el esfuerzo y los saberes de cada nación harán a su propio destino. No hay fórmulas, ni pensamientos mágicos, lo único que nos resta es trabajar y transformar una realidad, sabiendo que es nuestra responsabilidad modificarla. En  ese camino.

   A continuación se detallará brevemente los ejes de intervención y las acciones concretas que el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación viene ejecutando en este sentido.

      Líneas de Gestión: Ejes de intervención de la política social:
       En este país, el horizonte de las transformaciones sociales tiene como sustento indiscutible los valores compartidos e irremplazables en torno a los derechos humanos y la justicia social y sobre el marco institucional que ellos promueven. El ideario social que guía el accionar está unido a los criterios de equidad, territorialidad y la promoción de derechos, desde los cuales se tejen las líneas de gestión e intervención que asumen nuestras políticas.

       La carencia de oportunidades, la inequidad, el despojo de los derechos y obligaciones de las familias producto del modelo neoliberal, hoy se revierte a partir de un Estado que vuelve a asumir el rol protagónico, haciéndose presente, articulando el tejido social, garantizando el respeto y ejercicio efectivo de los derechos y obligaciones en el proceso de construcción de una ciudadanía plena.
       Se habla de ciudadanos y no de beneficiarios, de promoción y no de asistencialismo. Se habla de superación y de la posibilidad de acceder a un real desarrollo. En casi cuatro años de gestión se ha avanzado hacia la consolidación de políticas sociales integrales, comprometidas con el ámbito local y promotoras del tejido social. El primer objetivo: contribuir progresivamente a la mejora de las condiciones de vida de las familias y comunidades más vulnerables de nuestro país, donde todos se reconozcan y sean reconocidos como sujetos de derechos.

      Trabajando en pos de la recuperación del sentido de comunidad y la consolidación de la cohesión social, entendiendo que el crecimiento económico no es un fin en sí mismo, donde el Estado cumple un rol estratégico como máxima instancia de articulación social.

      El Estado se asume como tal y a partir de políticas sociales de fuerte inversión social, prácticas y diagnósticos participativos y herramientas de control social y gestión asociada, se propone hallar soluciones en referencia directa a las necesidades sociales detectadas en cada lugar. Se trata de una política social integral que promueve, capacita y desarrolla.

      Trabajando desde un nuevo paradigma, en el cual la noción de Política Social Integral implica el reconocimiento de la multidimensional del Sujeto social anclado en su historia. Un sujeto que conjuga formas de vida, experiencias, desafíos y que se construye continuamente a partir del mutuo reconocimiento con el otro y su territorio en   la perspectiva de derechos y obligaciones.

       Así concebida, la Política Social asume la centralidad y la integralidad de las acciones en función de la multiplicidad de los contextos, otorgándole una clara direccionalidad política en términos de promoción y desarrollo de la persona, la familia y la comunidad, desde su propio territorio y participación.
       Concretamente, se refiere a la estrategia de intervención de un Estado en movimiento y responsable que persigue la equidad territorial, respetando la diversidad, la idiosincrasia e identidad de cada región, promoviendo la articulación entre diferentes instituciones y actores sociales.

       No se aprueba  las visiones fragmentadas de la realidad, sino que se asume la complejidad de las problemáticas y buscando dar una respuesta integral a los problemas existentes, pues la verdadera dimensión de una política social toma en cuenta todos los campos de la realidad, sus aspectos económicos, sociales, políticos y culturales. Abordaje integral a problemas complejos, ese es el objetivo que el cual  guía.

       Este modo de concebir la política social implica:
    • Reconocer la dinámica territorial propia de cada zona, provincia, municipio o región, actuando en forma coordinada en pos de una política social dirigida directamente a las necesidades detectadas y demandadas desde cada lugar, promoviendo respuestas a partir de la revalorización de las propias capacidades y la experiencia comunitaria.
    • Considerar a la Familia como principal eje de la política social, como el ámbito primario para la integración social y el desarrollo de las personas.
    • Concebir el empleo como eje de la inclusión social y estrategia central en la erradicación de la pobreza. Nuestro Ministerio promueve el desarrollo y fortalecimiento del Desarrollo Local y de la Economía Social los cuales, apoyándose en el Microcrédito y a través de innovadoras estrategias de comercialización, permiten a emprendedores de escasos recursos la obtención de empleo, recursos genuinos y el desarrollo y aplicación de sus propias capacidades, al tiempo que se fortalecen y reconstruyen los vínculos solidarios y la cultura del trabajo como elemento integrador.
    • Impulsar la participación ciudadana a través de la generación de espacios inclusivos. Para ello, hemos implementado los Consejos Consultivos, que recuperan la modalidad de gestión asociada entre el Estado y la sociedad civil.
    • Integralidad y articulación de las políticas sociales. En oposición al paradigma neoliberal, proponemos en nuestras políticas sociales una mirada integral y una intervención de igual sentido. Esta nueva concepción implica un enorme esfuerzo de articulación. Rescatamos y fortalecemos los espacios existentes, resguardando de no superponer formas y modelos de gestión que resultan ajenos a la realidad local.

       Esta visión articulada de “lo social” hizo necesario su institucionalización a través del fortalecimiento de la Red Federal de Políticas Sociales, caracterizada por el rol activo del Estado con capacidad de garantizar una fuerte inversión social. En este sentido, los tres Planes Nacionales, que desarrollamos a continuación, representan oportunidades destinadas a concretar estos principios rectores de la Política Social.

       La asistencia y la protección social, se han transformado en instrumentos necesarios para afrontar la crítica situación social y, en este sentido, constituyen el primer ejercicio insoslayable de justicia social. No obstante, nuestro deber y nuestro trabajo cotidiano, apunta a consolidar la función vital del desarrollo social, es decir, la promoción de los derechos ciudadanos, la movilidad social, el fortalecimiento familiar, el desarrollo de las capacidades y la libertad de las comunidades.

      Políticas Sociales en Acción:
    • El Plan Nacional de Seguridad Alimentaria, impulsa un proceso de articulación entre las áreas de Desarrollo Social, Salud, Educación, organizaciones no gubernamentales y el ámbito local, con el propósito de brindar una respuesta de calidad al derecho a la seguridad alimentaria. Con el objetivo de incentivar el ejercicio de derechos, el Plan impulsa acciones complementarias relacionadas con la atención primaria de la salud y el desarrollo comunitario, promoviendo la educación alimentaria y nutricional, apoyando la autoproducción de alimentos y fortaleciendo a la escuela como promotora de crecimiento y desarrollo.
    •  Ley Nacional de Seguridad Alimentaria Nº 25.274. En esta idea constante de afianzar el ejercicio de los derechos, es relevante mencionar la entrega de tickets y tarjetas de compra de alimentos que, acompañados por un sistema de capacitación, significan una oportunidad para que las personas recuperen la capacidad de elegir sus alimentos de acuerdo a sus necesidades y posibilidades, afianzando el objetivo de fortalecer la comensalidad familiar.
    • El Plan Nacional “Manos a la Obra” promueve y fortalece los ámbitos productivos a través de la generación de empleo y la participación ciudadana en espacios comunitarios, contribuyendo a la mejora del ingreso de la población en situación de vulnerabilidad social. El propósito del Plan es alcanzar un desarrollo social y económico sustentable que permita concretar la inclusión social en un marco de equidad y participación. Sus líneas de acción se estructuran a través del apoyo económico y financiero, el fortalecimiento institucional, la asistencia técnica y la capacitación. El Plan ha logrado consolidar una red pública con la intervención del Estado nacional y la sociedad civil para la aplicación de las políticas sociales integrales, la gestión descentralizada, articulando capacidades y responsabilidades, agilizando la aplicación de sus fondos, así como la consolidación de procesos participativos, intersectoriales, respetando el perfil productivo y de servicios de cada región, a través de las unidades de evaluación provinciales, microregionales y municipales, verdadero ejemplo del trabajo conjunto de los representantes técnicos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y de los organismos locales participantes.
    • El Plan Nacional Familias que atraviesa transversalmente a los otros planes nacionales, tiene por objetivo fortalecer el núcleo familiar como generador de valores, preservando la identidad cultural y la protección de derechos. Se trata de desarrollar las capacidades y factores de protección de las familias, como forma de prevención de disfunciones y vulnerabilidad, a través de la información, orientación, educación y el apoyo oportuno y solidario.

       En este sentido, es de destacar la reciente sanción de la Ley Nº 26.061 de “Protección Integral de Niños, Niñas, Adolescentes” que expresa la decisión política de concebir como Política de estado la garantía a los derechos de uno de los grupos sociales más vulnerables. Enmarcado en el Plan Familias, se halla un componente interesante en el proceso de construcción de ciudadanía: el Programa “Familias por la inclusión social” que combina derechos y obligaciones. Dirigido a familias en situación de riesgo social, establece la transferencia de ingresos no remunerativos, con la condición de que la familia asuma su responsabilidad en el cuidado de la salud y garantice la asistencia escolar de los niño/as a su cargo.

       Además de estos tres planes centrales, y en base a la lógica territorial, se articulan otros dispositivos transversales que alientan la organización de los ámbitos comunitarios locales:
    ▪ El Programa de “Promotores Territoriales para el Cambio Social”, otorga especial importancia a los procesos de organización y participación comunitaria, favoreciendo el protagonismo de los sectores populares,
    ▪ Los “Centros Integradores Comunitarios” que integran desde el territorio, planteando un trabajo interdisciplinario e intersectorial combinando la atención primaria de la salud y el desarrollo social;
    ▪ El “Tren de Desarrollo Social y Sanitario”, que recorre todo el país acercando asistencia directa, promoción y prevención, a través de la conjugación de las áreas social y médica en el abordaje integral;
    ▪ Los “Centros de Referencias del Ministerio de Desarrollo Social”, considerados el nodo territorial de la estrategia articuladora en el avance hacia la consolidación del modelo de gestión integral.
       Estos son claros ejemplos de prácticas que promueven el protagonismo y la participación de los sectores populares y comunitarios en la definición de la política social, la profundización del desarrollo estratégico local y regional, y el trabajo interdisciplinario.

       Una herramienta fundamental para hacer efectiva esta estrategia de abordaje así como para mejorar la gestión de gobierno y la optimización de los recursos, es el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales.

       Este organismo está presidido por el Ministro de Desarrollo Social, y forman parte estable del mismo los Ministerios de Salud y Ambiente; Educación, Ciencia y Tecnología; Trabajo, Empleo y Seguridad Social; Economía y Producción; el de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia.

       La existencia de este espacio institucional, para el logro de la articulación de nuestras políticas y del abordaje integral de los problemas existentes, es invaluable y representa un desafío que nos impone su superación y la obtención del logro.
En definitiva, en esta estrategia de desarrollo con crecimiento e inclusión social perseguimos el fortalecimiento de la familia, generando igualdad de oportunidades que posibiliten la movilidad social ascendente que nos caracterizó, en otros tiempos, permitiéndose ser los artífices de los destinos.





Conclusiones

       La globalización constituye una etapa avanzada en los procesos de conformación del mercado mundial e internacionalización económica que distinguen al capitalismo. En la evolución de ambos procesos el papel del estado nación ha sido históricamente decisivo.

       Paralelamente, la forma liberal del estado se ve superada por los niveles de enfrentamiento que alcanza el conflicto social, centrado en el conflicto capital trabajo. En este contexto de crisis del mercado mundial y de formas estatales, emerge el estado social. Este reconstituye al interior de los ámbitos nacionales el tejido social-institucional y consolida espacios nacionales de valorización y acumulación que mantienen en principio una amplia autonomía frente a la esfera de la concurrencia capitalista mundial.

      Pero en lo exterior el estado social será testigo y participante activo de un renovado proceso de internacionalización comercial y financiera que, retomando tendencias rotas durante el período de entreguerras, acabará por levantar un marco de interdependencia comercial, productiva y financiera que, en el marco de la crisis de larga duración que inicia en los setentas, acota dramáticamente los márgenes de las políticas económicas keynesianas, así como de los pactos y alianzas generadas en torno a las políticas promotoras del bienestar social.

      En el marco de los procesos de globalización que se desatan justamente al calor de esta crisis del sistema, la revolución tecnológica ocupa un lugar central en el cambio social mundial. En el campo de lo económico, en los circuitos financieros, en las telecomunicaciones, la revolución electrónico-informática anuda y desanuda vínculos entre globalización y estado: flujos de producción, informáticos, monetarios, de ideas, etc... Traspasan fronteras nacionales, erosionan mercados internos y regulaciones domésticas, alteran instituciones, acciones y relaciones de poder, inauguran nuevos escenarios de interacción social transnacional y promueven tanto la aparición como la extinción de sujetos y actores. En este contexto se asiste a una declinación histórica del estado-nación. El se ve sujeto (en sus diversas realidades históricas concretas) a un doble proceso de absorción-integración en macro-estructuras supranacionales y de disgregación-fragmentación en instancias local-regionales. Es una dinámica que erosiona “desde afuera” y “desde adentro” los límites-bordes que guardan a la sociedad dentro de las normas e instituciones del estado-nación.

Referencias

Rivas E., J. (1997). Modernización y Globalización. [Documento en línea].
Disponible: www.monografías.com [Consulta: 2010, Mayo 7].

Toledo P., A. (2009). Globalización, Estado-Nación y Espacio Social. [Documento en línea] Disponible: http://www.ub.es/prometheus21/artículos.  [Consulta: 2010, Mayo 11]

Zafra V., J. (1990). Teoría Fundamental de Estado. [Documento en línea]  Disponible: http://es.wikipedia.org. [Consulta: 2010, Mayo 11]